miércoles, 6 de septiembre de 2017

CURVA DE APRENDIZAJE (I)

Distintos estudios plantean que tanto en el deporte como en la cultura en que vivimos, se considera que todo lo que hacemos lo hacemos de manera consciente, pero ello no es así. Lo que mejor hacemos lo hacemos de manera inconsciente. 
Los autores Seymour y O’Connor señalan las cuatro etapas del aprendizaje:

Incompetencia inconsciente (No sé qué no sé).

- Incompetencia consciente (Sé qué no sé).

- Competencia consciente (Sé qué sé).

- Competencia inconsciente (No sé qué sé).

En la primera etapa, no solamente no se sabe algo, sino que tampoco se sabe que no se sabe. Luego, al hacerse consciente la ignorancia, comienza el aprendizaje. Ahí se descubren las limitaciones. Todo es difícil en esta etapa, pero es cuando más se aprende.

Al llegar a la competencia consciente, se adquiere habilidad, pero no el dominio, que se dará en base a experiencias repetidas. En la última etapa, la de la competencia inconsciente, se incorpora todo aquello que tanto costó aprender. Allí la habilidad se hace automática porque ha quedado incorporada al inconsciente.
Si uno practica algo durante un tiempo suficiente, alcanzará esta cuarta etapa y creará hábitos. En este punto la habilidad ejercitada se ha convertido en inconsciente. Sin embargo, puede ocurrir que los hábitos no sean los más efectivos para realizar esa tarea. Nuestros filtros pueden habernos hecho perder alguna información importante en nuestro camino hacia la competencia inconsciente.

DESAPRENDER PARA REAPRENDER
Es difícil que un aprendizaje se produzca de una vez y para siempre. En un mundo en constante cambio, es común que los conocimientos que quizá costó tanto adquirir  se vuelvan de pronto insuficientes o directamente obsoletos. Cada vez se hace más necesaria la capacitación continua y la actualización. Aceptar esto implica una actitud flexible y humilde.
Supongamos que aprendimos a practicar un deporte que ejercitamos y creemos que lo hacemos bien. Sin embargo, puede ocurrir que un experto nos vea y nos anime a mejorar ese desempeño. Nos observa cómo es que lo hacemos habitualmente y detecta algunas fallas que no sabíamos que las teníamos. Nos dice cuales son y como corregirlas, por ejemplo modificar algunos movimientos, miradas, etc. y entonces caemos en la cuenta de que hay que cambiar algunas cosas.
Como ya teníamos una unidad de conducta compuesta de varias piezas y elementos, es necesario identificar estos elementos que ya no van a ir de acuerdo con la nueva habilidad y hay que reconstruir las piezas de conducta de modo que pueda mejorar el desempeño deseado.
Eso quiere decir que se dará marcha atrás en las etapas (o niveles) de aprendizaje hasta la incompetencia consciente y tendremos que desaprender antes de reaprender.
La principal razón de esto es la de construir nuevas opciones, modelos más efectivos.
Desaprender es ir del nivel 4 al nivel 2.
Reaprender es ir del 2 al 4, con más opciones.
Con el mayor desarrollo de nuestras capacidades sensoriales, podremos darnos cuenta si lo que estamos haciendo funciona bien o no. Si funciona bien, puede funcionar mejor.

El tener una sola vía para hacer las cosas es una forma de ser rígido, limitado. Cuando no se acepta la posibilidad de que exista alguna otra opción. Eso es no tener alternativa. Las opciones lo ponen a uno en un dilema y a veces eso no nos gusta. Pero eso enriquece las posibilidades de poder contar con más recursos en el enfoque. En cualquier situación de la vida, aquella persona que disponga de más opciones a la hora de actuar y tenga mayor flexibilidad en el comportamiento, será la que conserve el control de la situación más ventajosamente.

Estado presente - Estado deseado
Parece injusto y sin embargo es cierto que aprendemos más de los errores que de los éxitos, en términos de que dan lugar a que pensemos (qué sucedió y cómo superarlo) la reflexión es la fuente rica en posibilidades de pensamiento. Nos da información útil en la que pasamos más tiempo pensando. Eso no quiere decir, desde luego, que procuremos los errores, ni que de los éxitos no se aprenda, sino que cuando nos damos cuenta de que algo fallo, entonces descubrimos algo que no conocíamos conscientemente.
Rara vez obtenemos algo exitoso la primera vez, a menos que sea algo simple, incluso entonces, habrá posibilidades de mejora. "Aprendemos mediante aproximaciones sucesivas'' es una aseveración cierta y aceptada en ciencia cuando se plantea el método de la investigación. Aquí en PNL (Programación NeuroLinguística) se concibe como una serie de bucles o acercamientos, que desde la primera mitad del siglo XX Vigostki en la antigua URSS llamaba 'los rodeos" al explicar el comportamiento infantil para quien estudia el aprendizaje. Los niños hacen 'tanteos' cuando están tratando de conocer la solución de un problema y su duración es muy variable, desde fases fugaces hasta más duraderas, dependiendo de la complejidad. Bueno, pues este fenómeno es algo que permanece a través de los años, matizado solamente por la edad.
Habitualmente hacemos lo que podemos (estado presente) y lo comparamos con lo que queremos (estado deseado). Esta información la empleamos para corregir nuestra nueva actuación y disminuir la distancia entre lo que deseamos y lo que obtenemos.
Poco a poco nos vamos acercando a nuestro objetivo (primero en mente) y a sus resultados. Esta comparación lleva nuestro aprendizaje de la incompetencia consciente a la competencia consciente. Este es un modelo general de la forma en que se puede llegar a ser más eficaz en todo aquello que se haga en la vida. Uno compara lo que tiene con lo que quiere, cómo se es y cómo se quiere ser. Y actúa para reducir la diferencia. Luego vuelve a comparar. La comparación debe basarse en lo que se considera valioso: qué es lo importante para uno en esa situación.
El presente post se amplía y continúa en parte II.

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